La paciencia es un árbol de raíz amarga, pero de frutos muy dulces.

La semana:

Hace tiempo que no hablamos del Brexit. Y hoy Boris Johnson reemplaza a Theresa May como primer ministro en el Reino Unido, con un objetivo prioritario, pilotar el Brexit a finales del próximo mes de octubre. Jonhson ha sido elegido por las 160.000 personas que pagan la suscripción anual de £ 25 que se requiere para convertirse en miembro del Partido Conservador. Las declaraciones de los meses precedentes nos indican que no piensa moverse de su posición de dureza en la ruptura con Europa y sigue en sus trece de salir de la UE antes del 31 de octubre. Un Primer Ministro dispuesto a prometer un Brexit mágico, cuando en realidad, se trata de un divorcio increíblemente caro y complicado, y es que Europa está mostrando una posición férrea en su negativa a renegociar el acuerdo de salida. Los británicos desean libertad de movimientos en mercancías y capitales, pero duros controles migratorios para europeos y no europeos. Si bien el Reino Unido es un Estado miembro de la UE, lo es a su manera… disfrutando de un trato especial. Por ejemplo, se abstiene del Euro y del Banco Central Europeo, y mantiene soberanía monetaria y financiera gracias al Banco de Inglaterra como Banco Central; tampoco forma parte del “Acuerdo Schengen”, manteniendo al espacio británico al margen de las políticas de frontera común que se aplican en el resto de la UE. Lo podemos resumir en cómo participar sin pertenecer y obtener ventajas a partir de la excepción. El euroescepticismo británico se ha basado en la creencia de que la Comunidad Económica Europea, se estaba convirtiendo inexorablemente en un superestado federal. Los ingleses se vanaglorian de que su naturaleza, su estructura y su contexto económico difieren profundamente de los de los otros Estados del Continente. Históricamente la misión de Gran Bretaña ha sido la de mantener el equilibrio de fuerzas en el continente aliándose con la parte más débil. La decisión del Brexit es histórica por lo que supone de alejamiento de los asuntos europeos de un actor fundamental durante siglos. La Unión Europea se está configurando como una estructura supraestatal transcontinental, en un mundo global donde solo los grandes actores tendrán capacidad de acción. Este alejamiento del Continente tendrá sus consecuencias, entretanto, el resto de la Unión Europea se refuerza más en contra de lo que creemos, cada vez se avanza más en la integración, se avanza en un presupuesto común, en un fondo de garantía de depósitos, en unos posibles eurobonos y en muchos más frentes.

En los mercados financieros, las rentabilidades negativas en renta fija continúan extendiéndose. Comenzaron los bonos con vencimientos más cortos de emisores de menos riesgo de países como Suiza y Alemania. Esta anormalidad de pagar por prestar dinero se fue extendiendo a bonos de mayor vencimiento y otros bonos gubernamentales. Posteriormente a bonos corporativos con grado de inversión (alta calificación crediticia). Ahora, ha llegado el momento de pagar por prestar a compañías que tienen alto riesgo de impago, conocidas como compañías “high yield” o de alto rendimiento (muchos conocen algunas de estas emisiones como bonos basura). En Europa ya hay 31 bonos con esta circunstancia. Estas emisiones suponen 17.112 millones de euros, un 1,73% de todo el mercado de deuda high yield o alto rendimiento en euros, que alcanza aproximadamente 985.546 millones de euros en este momento. A los inversores parece que ya solo les interesa buscar rentabilidad a cualquier precio, dejando a un lado el análisis de los riesgos que conlleva cada una de las inversiones. Mientras tanto la renta variable sigue instalada en niveles máximos en EEUU, en un período caracterizado por una baja actividad pese a estar en plena sesión de beneficios empresariales, ya que todo el mundo está a la espera de la reunión de la Reserva Federal de la semana que viene (esperamos una bajada de 25 puntos básicos en los tipos de interés) .

Impacto:

Dentro de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) fijados por la ONU para 2030, no hay ninguno más importante que otro. Lo que sí hay son momentos en los que la urgencia de acometerlos puede ser mayor o las circunstancias económicas y sociales han podido impactar con mayor intensidad
en los mismos. En ese sentido, el ODS 10, Reducción de las Desigualdades, ha cobrado especial importancia tras la crisis financiera de 2008. Según un estudio elaborado por Oxfam, en enero de 2019, las 26 personas más ricas del planeta poseían la misma riqueza que el 50% de la población más pobre. La desigualdad económica también puede aplicarse a la desigualdad racial ya que la mayoría de las personas ricas son blancas mientras que el 50% más pobre vive en países en vías de desarrollo –con una variedad de razas en las que la blanca es minoría-. Incluso en países desarrollados, según Forbes, las 400 personas más ricas de USA tienen más que el conjunto de familias negras y un cuarto de las latinas de este país. ¿Cómo podemos contribuir a la reducción de las desigualdades con nuestras inversiones? A priori puede resultar extraño ya que continuamente escuchamos que la inversión en mercados organizados incrementa las desigualdades. Quedarnos en el titular es simplista. Y ya sabemos que con la inversión sostenible (exclusión, integración, impacto…) podemos contribuir con nuestros ahorros a la mejora de la evolución de las empresas y por ende de la sociedad. ¿Cómo podemos hacerlo? Fijándonos en aquellas empresas que tienen un foco en la relación con los empleados, salarios igualitarios a igualdad de puesto, buenas prácticas fiscales, con salarios de los altos ejecutivos transparentes, justos, y vinculados no solo a la rentabilidad social de la compañía, sino vinculados a la implementación y evolución de buenas prácticas sociales que traten a los empleados de manera justa independientemente del país en que operen, la raza a la que pertenezcan y otras condiciones: donde se valore no solo la aptitud sino la actitud , entre otros aspectos.

El faro de los mercados:

Semanas atrás hablábamos de la “masificación del turismo” en el Everest y lo comparábamos con el exceso de actores en el mercado financiero en busca de rentabilidad, en muchos casos invirtiendo en productos de los que se desconocen los riesgos. Hoy queremos volver sobre nuestros pasos y hablar de la denominada ‘zona de la muerte’ del Everest, donde se complica la ascensión y que comienza a partir de los 8.000 metros, ya que la temperatura puede bajar drásticamente (desde los -36 hasta los -60 °C) y donde el oxígeno puede disminuir un 30% más de lo normal, por lo que cuesta trabajo respirar. Estas circunstancias pueden hacer que los escaladores lleguen a morir en su intento por llegar a la cima, siendo el congelamiento, paros cardiacos, edemas cerebrales y falta de oxígeno, algunas de las causas. Por ello, se aconseja que los últimos 900 metros se suban en 10 o 12 horas, pues de hacerlo en un mayor tiempo podría causarles la muerte. Pues bien, creemos que la renta variable norteamericana ha entrado en lo que podríamos denominar su “zona de venta”. Es posible que, con el apoyo de los bancos centrales (especialmente con la decisión de tipos de interés por parte de la Reserva Federal en EEUU la próxima semana) el S&P500 pueda dirigirse a la zona de los 3100-3150 puntos desde los 3000 actuales. Pero lo cierto es que a partir de los 3000 puntos le está costando respirar. Por ello, y aunque las alternativas líquidas atractivas en otros activos son prácticamente inexistentes en los momentos actuales, iríamos con prudencia. Más que Índices o áreas geográficas, en renta variable hay que buscar ideas temáticas o de mega-tendencias futuras (medio ambiente, salud, nutrición, envejecimiento de la población, etc.) o ideas soportadas más en la sostenibilidad de un dividendo atractivo que en el potencial de revalorización de las propias acciones. La historia nos demuestra que los veranos pueden ser muy traicioneros.

La noticia amable:

Hace unos meses, la ministra de Sanidad anunció que el Sistema Nacional de Salud financiaría una de las armas más novedosas contra el cáncer: las terapias CAR-T. Se trata de tratamientos personalizados donde se modifican células de cada paciente para incluirles un gen capaz de actuar contra las células malignas sin lesionar los tejidos sanos. Estas células rediseñadas se multiplican y se infunden en el paciente siendo capaces de erradicar todas las células cancerosas. La sanidad pública madrileña ha dado de alta a cinco de los siete primeros pacientes oncológicos tratados con células CAR T. Además, estos tratamientos ya han curado a un niño de seis años en el Hospital Sant Joan de Déu. El paciente padecía una leucemia linfoblástica aguda desde que tenía 23 meses. Tras dos recaídas y un trasplante de médula ósea con esta terapia ya ha vuelto a su vida normal.

La frase:

Y nos despedimos con una frase del novelista y poeta inglés Aldous Huxley: “Quizá la más grande lección de la historia es que nadie aprendió las lecciones de la historia”.